En la compra se encuentra la ganancia – o: ¡no pague demasiado!

 

Esta vieja sabiduría de un hombre negociador tiene validez hasta el día de hoy y es decisiva para el éxito de una inversión. Si Usted puede adquirir un bien económico o un bien de capital a un precio que se encuentra muy por debajo de su precio real, esta diferencia será, con una alta probabilidad, sus ganancias futuras.

En los mercados de acciones se define como value-investing a este tipo de estrategia de comprar compañías, mejor dicho acciones de compañías infravaloradas. La misma fue fundada ya en el 1934 por Benjamin Graham. Bajo el impacto de la experiencia negativa de la crisis económica mundial, siguió el objetivo de poder diferenciar entre una inversión y una simple especulación.

Inversión en lugar de especulación

 

Valor intrínseco y comportamiento emocional

 

Oportunidad de compra bajo miedo y pánico

 

Periodo de tenencia más largo y costos de transacción más bajos

 

El éxito incomparable y duradero de la inversión en valores

 

Carácter anti-cíclico de la inversión en valores

 

Value-Expertise (valor de la experticia) de expertos

Inversión en lugar de especulación

Graham reconoció que las compañías registradas en la bolsa disponen de dos tipos de “valores”:

1. El precio de mercado, es decir la valoración de la compañía en la bolsa, el cual se puede determinar a través de la cotización actual de las acciones.

2. El valor real de una compañía, que también se denomina como valor intrínseco (intrinsic business value). Este valor se basa en el modelo de negocio probado de una empresa, como también en las ganancias surgidas del ciclo coyuntural completo. De esta manera, corresponde el valor real de una empresa al precio, el cual un competidor esté dispuesto a pagar en caso de una fusión o toma. Este valor sería amortizado entonces por la actividad comercial en un plazo razonable.

Alternativamente se puede emitir el valor intrínseco descomponiendo los activos individuales de la empresa, en lo que el dueño estima los ingresos que se puedan lograr a través de la liquidación o la venta de todas las partes de la empresa.

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Valor intrínseco y comportamiento emocional

En realidad la cotización de las acciones de una empresa se orienta a largo plazo a ese valor intrínseco, mientras que a corto o mediano plazo la misma puede diferir considerablemente en ambas direcciones. Esto sucede especialmente cuando operadores en el mercado no se orientan por los criterios fundamentales, sino que siguen simplemente el instinto gregario de la masa y es por esto que las empresas compran acciones que todo el mundo compró y sigue comprando. Las llamadas acciones glamour serán vendidas porque son conocidas y están de moda.

La exaltación irracional provocada por esta conducta de las masas puede resultar en una euforia ilimitada como también en una exageración masiva y una sobrevalorización en los mercados de cotizaciones.

Por otro lado, el miedo, el pánico y el catastrofismo con aparente falta de salida de una presión de venta exagerada, bajo el lema “sálvese quien pueda”, lanzan al mercado acciones sin aparentemente a cualquier precio, si ninguna distinción.

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Oportunidad de compra bajo miedo y pánico

Inversores en valores compran solamente cuando el precio de mercado se encuentra claramente debajo del valor intrínseco, por lo menos un 40% o 50% menos. Ese margen entre el valor de mercado y el valor intrínseco indica un margen de seguridad “margin of safety”. Un margen alto de seguridad suficiente protege contra pérdida de capital permanente, por esto la seguridad del capital invertido y la prevención de pérdidas es el objetivo primordial de un inversor en valores.

A corto plazo son por supuesto posibles fases de pérdida de capital en el ínterin, los cuales no se pueden exceptuar a pesar del método de value-investing (inversión en valor). Esto se aplica especialmente en aquellas fases en las que, por un corto plazo, no son importantes las valoraciones en la bolsa. Sin embargo, a la larga, un buen margen de seguridad de una inversión orientada a la valoración proporciona un bajo riesgo de inversión particularmente escencial frente al extenso mercado de valores.

Inversores en valores deben, entonces, ser pacientes. Por lo tanto lleva un tiempo, a menudo hasta 5 años, hasta que la valoración errónea por parte del mercado haya sido igualada, lo que crea primeramente una oportunidad de compra para el inversor en valores. Por esto los inversores en valores adquieren compañías, mejor dicho acciones, con un periodo de tiempo de entre 3 a 5 años.

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Periodo de tenencia más largo y costos de transacción más bajos

Ese comportamiento paciente y previsor del inversionista se refleja en una rotación muy baja del título en fondos de valores. Con un periodo de tenencia promedio de la acción de 5 años se obtiene una tasa de rotación anual de alrededor del 20 %. Fondos ordinarios, orientados al índice pueden tener una rotación del 100 %. Tampoco se puede exceptuar una rotación del 200% o más.

La baja tasa de rotación de los fondos de valores orientados a un largo plazo conduce a costos de transacción mucho más bajos, de aproximadamente 1% al año, en comparación con fondos de gestión activa, lo cual tiene una influencia muy favorable sobre la rentabilidad de los fondos de valores.

Entonces, inversores en valores venden las acciones que poseen cuando el precio de mercado se aproxima o alcanza a su valor intrínseco. Los ingresos a través de la venta serán entonces nuevamente invertidos en la compra de otras acciones infravaloradas, en lo posible con un alto margen de seguridad.

Con esta estrategia de inversión consecuentemente aplicada y concluyentemente orientadaa la voloración, usuarios exitosos de la inversión en valores recaudan resultados extraordinarios durante un periodo de tiempo más prolongado, ya que actúan de forma disciplinada debido a sus acciones anti-cíclicas y nunca pagan un precio demasiado alto por una empresa.

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El éxito incomparable y duradero de la inversión en valores

El éxito de la inversión en valores en las últimas décadas es incomparable con otras estrategias de inversión a largo plazo, lo cual fue comprobado ahora por medio de numerosos estudios de por ejemplo los premios Nobel Eugene Fama y Kenneth French. En contraste con los resultados de la teoría de la eficiencia, la cotización en la bolsa de una empresa generalmente no corresponde a su valor real, mejor dicho, el valor justo de la empresa, sino que difiere en algunos casos significativamente hacia arriba o hacia abajo.

Esa circunstancia se puede explicar muy bien con el comportamiento humano irracional y emocional con respecto a las inversiones. Esto es impulsado por una gran euforia a extremos como una sobrevaloración o una subvaloración a causa de un pesimismo infundado, de empresas en la bolsa.

Exactamente estas cotizaciones erróneas utiliza el inversor en valores para su beneficio, ya que el evita empresas demasiado caras y compra acciones de empresas subvaloradas. De esta manera el inversor en valores consigue un rendimiento claramente superior al resto del mercado y al mismo tiempo con un riesgo de inversión substancialmente menor.

Sin embargo, solo pocos inversores con convicciones fuertes como la leyenda de inversión Warren Buffett de Omaha/Nebraska logran una aplicación duradera y exitosa, quien con su compañía de inversiones Berkshire Hathaway incluso se ha convertido en uno de los hombres más ricos del mundo.

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Carácter anti-cíclico de la inversión en valores

A pesar de que la inversión en valores suena lógica y es teóricamente fácil de comprender, la mayoría de los inversores no la pueden simplemente aplicar en la práctica, puesto que invertir bajo el principio de la inversión en valores, significa ir permanentemente en contra del mercado y de las masas. Por ésta razón se encuentran las acciones infravaloradas, es decir oportunidades de compra, en sectores que son malinterpretados, descuidados y por lo tanto evitados por las masas en el mercado.
Sin embargo, ya que las personas son guiadas en su gran mayoría por el comportamiento en masa, el principio de las inversiones en valores está en contra de nuestra naturaleza humana.

Por lo tanto evidentemente el principio de la inversión en valores no es adecuado para la gran mayoría de los inversionistas, los cuales prefieren seguir las modas y sentirse seguros en el rebaño. Éste principio traerá sin embargo seguridad de inversión, mejor dicho fiabilidad en la planificación y alta rentabilidad a la minoría de los inversores que piensan independientemente del resto y que estén dispuestos a tomar decisiones que difieren de la opinión general.

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Value-Expertise (valor de la experticia) de expertos

Ya que inversores privados a causa de su naturaleza humana y generalmente la falta de conocimientos fundamentales en la determinación del valor real de una empresa a largo plazo, raramente pueden aplicar exitosamente el principio de la inversión en valores, son recomendados para esto expertos reconocidos con una amplia experiencia y convicciones firmes.

Esto debería tener idealmente un universo global de inversiones sin restricciones, ya que restricciones en regiones, sectores o temas limita desde el primer momento posibles oportunidades de inversión.

Con el buen uso de los conocimientos de expertos reconocidos se puede cubrir muy bien todo el espectro global de inversiones. Además, se reducirá en gran medida el peligro para inversionistas privados de tomar decisiones equivocadas en un entorno en el que los medios son a menudo unilaterales y por lo tanto tienen una baja cobertura de mercado.

Aunque en la práctica no haya este “enfoque en el valor”, existe una serie de “sub-estilos” con orientaciones bastante diferentes, por lo que todas estas “value-estrategias” y “value-expertos” tienen un objetivo en común. Y el mismo es:

no pagar demasiado por su inversión” y asegurar así el beneficio seguro ya con la compra.

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Filosofía de inversión:

“Si una empresa vale un dólar y yo la puedo comprar por 40 céntimos, me va a acontecer algo muy bueno”

Walter Schloss